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Una versión espectacular de la clásica tortilla de patatas española, caracterizada por patatas cascadas para un toque crujiente, cebolla finamente picada y un aroma único gracias al romero fresco. El resultado es una tortilla extremadamente cremosa por dentro y dorada por fuera.
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Cascar las patatas en trozos irregulares, sazonar con sal y mezclar con cebolla finamente picada. → Freír las patatas y la cebolla en abundante aceite de oliva junto con dos ramas de romero hasta que estén pochadas y ligeramente doradas. → Mezclar las patatas calientes con huevos en un bol, removiendo para conseguir una textura integrada y muy cremosa. → Cuajar la tortilla en una sartén muy caliente por ambos lados, manteniéndola jugosa por dentro, y servir con piparras.
Cascar las patatas en trozos irregulares, sazonar con sal y mezclar con cebolla finamente picada. → Freír las patatas y la cebolla en abundante aceite de oliva junto con dos ramas de romero hasta que estén pochadas y ligeramente doradas. → Mezclar las patatas calientes con huevos en un bol, removiendo para conseguir una textura integrada y muy cremosa. → Cuajar la tortilla en una sartén muy caliente por ambos lados, manteniéndola jugosa por dentro, y servir con piparras.
Una versión espectacular de la clásica tortilla de patatas española, caracterizada por patatas cascadas para un toque crujiente, cebolla finamente picada y un aroma único gracias al romero fresco. El resultado es una tortilla extremadamente cremosa por dentro y dorada por fuera.
Pelar las patatas y cascarlas con el cuchillo en trozos irregulares para conseguir bordes crujientes al freírlas.
Colocar las patatas en un bol, añadir abundante sal y mezclar muy bien con las manos para sazonarlas uniformemente.
Cortar la cebolla en dados muy pequeños (brunoise), añadirla al bol con las patatas y volver a mezclar bien.
Dejar reposar la mezcla de patata y cebolla para que suelten el exceso de agua debido a la sal, y escurrir ese líquido antes de freír.
Calentar abundante aceite de oliva en una sartén. Probar la temperatura con un trozo de patata (debe burbujear suavemente sin quemarse) y verter toda la mezcla de patatas y cebolla.
Cascar las patatas en lugar de cortarlas de forma limpia ayuda a liberar almidón y crea bordes irregulares que quedan crujientes al freír.
Es fundamental salar las patatas antes de freírlas para que el sazonado sea perfecto desde el interior.
Retirar el líquido que sueltan las patatas y cebollas tras salarlas evita que el aceite salpique peligrosamente durante la fritura.
Añadir la patata caliente directamente al huevo permite que este emulsione ligeramente con el calor residual, garantizando una jugosidad extrema.
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