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Una receta tradicional española muy fácil, rápida y económica de salchichas frescas guisadas en salsa de vino blanco con un toque de tomillo, acompañadas de unas patatas fritas crujientes que absorben todo el sabor de la salsa.
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Pelar, cortar, lavar y freír las patatas hasta que queden doradas y crujientes. → Dorar las salchichas troceadas con los ajos enteros en aceite de oliva y luego reservarlas. → Sofreír la cebolla picada en el mismo aceite de la cazuela. → Reincorporar las salchichas, añadir el vino blanco y dejar que se evapore el alcohol. → Condimentar con tomillo, mostaza, miel y caldo de pollo, cocinar 5 minutos para espesar la salsa e integrar las patatas fritas al final.
Pelar, cortar, lavar y freír las patatas hasta que queden doradas y crujientes. → Dorar las salchichas troceadas con los ajos enteros en aceite de oliva y luego reservarlas. → Sofreír la cebolla picada en el mismo aceite de la cazuela. → Reincorporar las salchichas, añadir el vino blanco y dejar que se evapore el alcohol. → Condimentar con tomillo, mostaza, miel y caldo de pollo, cocinar 5 minutos para espesar la salsa e integrar las patatas fritas al final.
Una receta tradicional española muy fácil, rápida y económica de salchichas frescas guisadas en salsa de vino blanco con un toque de tomillo, acompañadas de unas patatas fritas crujientes que absorben todo el sabor de la salsa.
Pelar la patata grande y cortarla en trozos medianos tipo dados.
Poner las patatas cortadas en un colador, enjuagarlas con agua para retirar el exceso de almidón y dejarlas escurrir durante unos minutos.
Freír las patatas a fuego medio-alto en abundante aceite caliente (unos 170°C). Remover de vez en cuando y subir el fuego al final cuando empiecen a flotar para que se doren bien por fuera. Escurrirlas sobre papel absorbente.
Cortar las salchichas frescas de pollo en trozos de tamaño similar a un bocado (opcional, también se pueden dejar enteras).
Cortar la cebolla finamente en trozos pequeños.
Lavar las patatas cortadas elimina el almidón superficial, lo que evita que se peguen al freírlas y ayuda a que queden mucho más crujientes.
Hacer movimientos de vaivén con la cazuela ayuda a emulsionar la grasa del aceite con el caldo, logrando que la salsa quede perfectamente ligada y deliciosa.
La combinación de mostaza de Dijon y miel es opcional, pero añade un exquisito toque de sabor agridulce que complementa muy bien el vino blanco.
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