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La auténtica receta de patatas bravas madrileñas, elaborada con una salsa tradicional a base de pimentón y caldo, sin utilizar tomate, kétchup ni mayonesa. Una delicia crujiente por fuera y tierna por dentro.
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Calentar el caldo y reservar caliente. → Preparar la salsa brava cocinando los pimentones en aceite caliente (con el fuego apagado) y ligándolos con la harina y el caldo. → Cortar las patatas y confitarlas a fuego muy lento en abundante aceite hasta que estén tiernas. → Dorar las patatas a fuego fuerte para conseguir un exterior crujiente. → Escurrir, salar y servir con la salsa brava por encima.
Calentar el caldo y reservar caliente. → Preparar la salsa brava cocinando los pimentones en aceite caliente (con el fuego apagado) y ligándolos con la harina y el caldo. → Cortar las patatas y confitarlas a fuego muy lento en abundante aceite hasta que estén tiernas. → Dorar las patatas a fuego fuerte para conseguir un exterior crujiente. → Escurrir, salar y servir con la salsa brava por encima.
La auténtica receta de patatas bravas madrileñas, elaborada con una salsa tradicional a base de pimentón y caldo, sin utilizar tomate, kétchup ni mayonesa. Una delicia crujiente por fuera y tierna por dentro.
Calentar el caldo de pollo o carne en una sartén hasta que empiece a humear, luego retirarlo y reservarlo caliente.
En una sartén limpia, verter un buen chorro de aceite de oliva y calentarlo bien sin que llegue a humear.
Apagar el fuego de la sartén con el aceite caliente, añadir inmediatamente el pimentón dulce y el pimentón picante, y remover rápidamente durante unos 20 segundos para evitar que se queme.
Incorporar la cucharada de harina a la mezcla y remover constantemente durante un minuto para cocinar la harina.
Añadir el caldo caliente poco a poco mientras se remueve de forma continua para que la salsa ligue bien y no se formen grumos, dejándola con una textura espesa.
El pimentón es un ingrediente muy delicado; si se quema aportará un sabor amargo a toda la salsa, por lo que es fundamental apagar el fuego antes de añadirlo al aceite caliente.
Para conseguir la textura perfecta de las patatas (tiernas por dentro y crujientes por fuera), el secreto está en la doble cocción: primero confitar a fuego muy lento y luego dorar a fuego muy fuerte.
La salsa brava tradicional de Madrid no lleva tomate; su color rojo y su espesor provienen de la combinación de pimentón, harina y caldo caliente.
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