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Una deliciosa salsa verde cremosa que imita a la perfección la textura y el color del guacamole tradicional, pero elaborada de manera económica utilizando calabacita en lugar de aguacate. Es la salsa secreta perfecta para acompañar tacos, antojitos y carnes asadas.
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Hervir los tomates verdes y los trozos de calabacita hasta que se suavicen, retirarlos y dejarlos enfriar. → Freír la cebolla y los dientes de ajo en aceite hasta dorar, luego retirarlos del sartén. → Dorar los chiles jalapeños y serranos cortados a la mitad en el mismo aceite con sal; retirar y dejar templar el aceite. → Licuar todos los ingredientes preparados con el cilantro, el caldo de pollo y el aceite del sartén hasta obtener una consistencia cremosa.
Hervir los tomates verdes y los trozos de calabacita hasta que se suavicen, retirarlos y dejarlos enfriar. → Freír la cebolla y los dientes de ajo en aceite hasta dorar, luego retirarlos del sartén. → Dorar los chiles jalapeños y serranos cortados a la mitad en el mismo aceite con sal; retirar y dejar templar el aceite. → Licuar todos los ingredientes preparados con el cilantro, el caldo de pollo y el aceite del sartén hasta obtener una consistencia cremosa.
Una deliciosa salsa verde cremosa que imita a la perfección la textura y el color del guacamole tradicional, pero elaborada de manera económica utilizando calabacita en lugar de aguacate. Es la salsa secreta perfecta para acompañar tacos, antojitos y carnes asadas.
Poner a hervir suficiente agua en una olla y agregar los tomates verdes grandes.
Cortar el trozo de calabacita en cubos medianos y agregarlos al agua hirviendo junto con los tomates.
Retirar los tomates verdes de la olla en cuanto cambien de color y antes de que se revienten. Reservar en un tazón.
Dejar cocinar las calabacitas hasta que estén suaves (aproximadamente 10 minutos). Retirarlas del agua y dejarlas enfriar junto con los tomates.
En un sartén a fuego medio, calentar de 5 a 6 cucharadas de aceite vegetal. Freír la cebolla rebanada y los dientes de ajo hasta que estén bien doraditos. Retirarlos del aceite y reservar.
Es vital no exceder la proporción de calabacita (usar solo de 100 a 125 gm), de lo contrario la salsa quedará demasiado dulce y con sabor a sopa de calabacita.
No use el agua donde se hirvieron los tomates y las calabacitas para licuar; la textura cremosa y emulsionada se logra gracias al aceite frito.
Evite usar los ajos crudos, ya que su sabor puede dominar de manera muy agresiva; freírlos y dorarlos suaviza su sabor y aporta un toque ahumado delicioso.
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